[Crónica] Viviendo bajo un mismo techo, historias de la residencia de San Marcos
En la residencia de San Marcos existen dos tipos de
estudiantes dependiendo de por cual medio ingresaste sin embargo todos
comparten historias parecidas aunque no hablen de ello.
Por: Joseph Gonzales M.
Los Residentes
de San Marcos reciben un golpe de realidad ni bien llegan a la vivienda
universitaria. Lesly no fue la excepción.
Ella
llegó temprano el día que debía ocupar su habitación, estaba llena de emoción desde
que fue admitida e imaginaba su nueva vida independiente sin la ayuda de sus
familiares. Lo primero que vio llegar fue un edificio en “L” pintado de rojo y
crema, que no se veía tan mal a su parecer, constituido por 2 pabellones y 3
pisos, pero mientras más se acercó el ambiente se volvió desolado y frío. No
hubo bienvenida ni saludo, solo le indicaron que recoja su llave y se instale
en su habitación, acabando así su ilusión con una incómoda indiferencia.
De los
datos de Lesly solo nos compartió lo general, pues al igual que todos los
personajes en esta crónica tienen miedo a las represalias. Ella es una
estudiante de San Marcos que cuando volvieron las clases presenciales a su
malla curricular ya habían pasado tres años desde que ingresó. Lesly recuerda
que ese 2019, las cosas eran diferentes, pues ella recién había salido de su
natal Áncash para empezar a estudiar en la “decana de América”; vivía con su
tíos en una casa alquilada por Cercado de Lima con el dinero que le mandaba su
padre, un modesto albañil. Sin embargo, durante los años de pandemia ella
volvió a su lugar de origen, su padre enfermó y luego se jubiló dejándola con
una grave incertidumbre de lo que haría cuando todo vuelva a la normalidad.
—Yo no
sabía cómo viviría en la capital ahora que no tengo el apoyo económico de mis
padres— recuerda Lesly sobre esos días.
Ante
esta problemática que viven algunos alumnos, la beca vivienda ofrecida por la
Oficina General de Bienestar Universitario (OGBU) supone la última esperanza
que tienen los estudiantes para no dejar sus estudios por las dificultades que
padecen.
Pero los
procesos de selección no son tan accesibles, según la OGBU, en su última
convocatoria realizada el 5 de abril de 2022, son 11 los documentos que se
tienen que presentar para poder acceder a la beca vivienda, entre los cuales
están el historial académico de notas y los recibos que acrediten tu posición
socioeconómica, además de una entrevista donde se decidirá si eres digno de la
beca.
Nuevo
hogar
La
residencia universitaria “José Carlos Mariátegui”, ubicada dentro de la ciudad
universitaria, fue construida en 1950; es un lugar que ha vivido la historia,
tanto que sus paredes se han resquebrajado y la grietas crecen año con año, por
más que la fachada y las áreas comunes están tarrajeadas luego de la última
remodelación en 2016. «La Residencia universitaria “José Carlos Mariátegui” de
la ciudad universitaria está calificada como inhabitable debido a su antigüedad
y grietas internas presentes en la infraestructura», explica el InstitutoNacional de Defensa Civil (INDECI) en el informe más reciente realizado sobre
la construcción. Esto es algo que Lesly se percató mientras más se adentraba en
el edificio donde se encontraba su habitación, dejándola confusa con el
contraste entre las salas.
—Al
llegar al pasillo de habitaciones lo primero que te percatas son lo diferentes
que son los pabellones. En el bloque “A” las paredes son de cemento y hay
habitaciones compartidas, mientras que en el bloque “B” todas son unipersonales
pero las paredes son de Drywall donde no hay privacidad— describió uno de los
residentes.
El día a
día de Lesly es levantarse e ir al comedor a recibir el desayuno, recibir
clases, llegar a almorzar, estudiar en los parques de la facultad y recoger la
cena a las 4pm para luego o recibir clases virtuales en la zona de cómputo o
reunirse con sus amigas de base y en algunos días esperar a que se desocupe la
lavadora para poder lavar su ropa, abucheando algunos demorones en el proceso.
Muchas
personas, pocos amigos
La
mentalidad de muchos de los que viven en la residencia es la de solo dormir y
pasar el día en otro lugar como en las bibliotecas, los parques, etc. Pero
estar en el cuarto que muchas veces no está bien ventilado o iluminado, además
de la nula privacidad, hace que haya una repulsión claustrofóbica natural por
estar ahí. Esta repulsión también ha hecho que los residentes no quieran saber
nada de las demás personas que viven con ellos. No obstante, hay beneficiarios
que piensan diferente e intentan amenizar el espacio compartido con actividades
deportivas, lúdicas o culturales que surgen por iniciativa de los estudiantes y
curiosamente la mayoría son parte del Gremio de Residentes en la Vivienda
Universitaria (GREVU), una plataforma reivindicativa de los derechos de la
comunidad de la residencia y, con lo dicho, de socialización entre los
residentes.
Lesly se
percató de esta verdad y se unió al gremio para poder integrarse más con la
gente que vivía al lado de ella, sin embargo, esta motivación pasó a un segundo
plano cuando en una de las mensuales asambleas del gremio se enteró que
existían estudiantes que también necesitan la residencia, pero que por uno u
otro motivo, no lograron aplicar. Esto la conmovió pues sus historias no eran
tan diferentes a la de ella. Casos como el de Rosalinda, ingresada a la escuela
profesional de geografía, que vino de una familia disfuncional desde Ayacucho y
vivía en un apartamento alquilado por el cercado de lima con sus hermanos, uno
de los cuales sufría de una discapacidad, pero al elevarse los gastos, tuvieron
que ver más opciones. Su solución fue que sus hermanos se quedarían a la tutela
de su tía y ella ingresaría a la vivienda universitaria. O Jianmarco,
estudiante de Ingeniería eléctrica proveniente de Huancayo, el cual tiene que
trabajar, así como cumplir con sus obligaciones académicas para, junto con su
hermano mayor, costear su cuarto en San Juan de Lurigancho luego que sus padres
perdieran su trabajo como agricultores.
Las
razones por las que no pudieron acceder a la beca fue una descoordinación
burocrática, Rosalinda no pudo tramitar algunos documentos desde Lima y
Jianmarco por un error de la oficina de matrícula tuvo que ser extemporáneo, lo
cual le retrasó presentar sus papeles.
Ante la
decepción que sintieron encontraron una última opción: Sin temor a perder nada
más que su deseo por estudiar, el GREVU les dio la oportunidad de ingresar a la
residencia por medio de “una medida de lucha” …
Invitados
indeseados
La
madrugada del 1 de julio fue una mañana fría, pero lo que más se sentía era
miedo y expectativa. Pues no era una solitaria como todas las demás en los
alrededores de San Marcos. El panorama actual era una turba de gente entre los
cuales se encontraban Rosalinda y Jianmarco, todos reunidos en a las afueras de
la puerta 3; algunos con mochilas de mano, otros con solo una bolsa para
quedarse un día. tenían una sola meta: ingresar a la residencia. Con los
primeros rayos del sol, todo el equipaje fue recepcionado por un dirigente de
la GREVU que los dejaría cerca de su nuevo hogar y luego de terminar con los
bultos, las bocinas y las pancartas empezaron a tomar el lugar. La seguridad de
la puerta se vio desbordada dando vía libre para que la protesta pudiera
ingresar a la universidad. Lesly recuerda ese día a las afueras del edificio de
habitaciones en el grass que separa la calle con la universidad. Estaba cuidando
las cosas de sus nuevos compañeros, hasta que del bypass que separa el estadio
de la residencia apareció la marcha con sus nuevos compañeros. Ella pudo ver
cómo desde algunas ventanas del pabellón de habitaciones había miradas
juiciosas y hostiles, pero no le dio importancia.
—hubo
una fuerte discusión entre el administrador de la residencia Miguel Rodríguez y
los dirigentes del GREVU, después de eso Rodríguez se retiró y nosotros
agarramos nuestras cosas y las colocamos en unos salones comunes que servirían
como cuartos compartidos—recuerda Jianmarco de cómo fue su ingreso. El resto
del día hubo una fiesta de bienvenida para los nuevos residentes con cantos y
bailes, habían ganado por ahora. A las semanas, los problemas resurgieron. el
comité del GREVU tuvo que disolverse por los problemas con las autoridades,
formando un comité provisorio, el cual se fragmentó en dos facciones. Durante
los primeros días la comida escaseaba para los nuevos residentes y las raciones
no alcanzaban para todos en los feriados, ya que el comedor cierra y las
comidas son contadas por esos días, causando una tensión entre los “residentes
oficiales” y “no oficiales”. No obstante, eso no fue suficiente para romper sus
espíritus y quitarles su alegría, pues algunos residentes como Lesly se
juntaron haciendo una olla común para los nuevos residentes. Trataron de
integrarlos a las actividades recreativas, así como de prestarles insumos y
frazadas para que pasaran la noche.
Hoy en
día la mesa de diálogo entre el GREVU y las autoridades de la universidad se
encuentra congelada, sin embargo, ha habido avances. Los nuevos residentes consiguieron
que se reconozca sus derechos a las raciones y al poder salir del área de la
universidad sin que la seguridad no los vuelva a dejar pasar; Estos hechos les
da una esperanza a una pronta resolución.
Comentarios
Publicar un comentario